domingo, 22 de enero de 2012

Un poco de azúcar

Iba en un tren de esos de "alta velocidad" desde hacía muchos meses. Viajaba sin pensar, dejándose llevar por intuiciones de último minuto, enlazando un tren con otro, sin importar sus destinos, tampoco era posible escoger, bastaba con buscar el tren de largo recorrido de salida más inmediata. Lo único que le interesaba es que viajara deprisa, con ventanas cerradas herméticamente, con compartimentos sellados. Velocidad con forma de orejeras, con visión borrosa a través del cristal.
Era cómodo, fácil, lo más simple para llenar el tiempo sin poder reflexionar, sin profundizar, sin caer en preocupaciones recurrentes de esas que acaban instalándose a vivir en tu cabeza si te pillan con la guardia bajada y les concedes asilo durante dos o tres días seguidos.
Así andaba ella cuando un buen día, una tarde, mientras caminaba por los pasillos del tren para mantenerse mínimamente en forma, sintió que la cabeza le empezaba a dar vueltas, que su cuerpo le fallaba, ... Uno de sus compañeros de viaje que en ese instante se cruzaba con ella, al ver su rostro blanco como la pared, la sujetó como pudo, ayudándola a tumbarse en el suelo antes de que se desplomara. Le ofreció su botella de agua y le pidió a alguien que trajese un sobre de azúar de la cafetería. Mientras llegaba, le elevó las piernas y las colocó sobre sus piernas, arrodillado frente a ella. Aquellos pies fríos, indefensos, extrajeron de él un instinto paternal que creía ausente. Una vezregresó el camarero, alcanzándole el sobre de azúcar, lo abrió decidido y dejó caer su contenido con suma delicadeza debajo de la lengua de aquella desconocida.
Ella, en su dulce sueño, su abandono, sintió la textura de los granitos y abrió los ojos. Varios rostros atentos, preocupados, la observaban y le decían cosas todos a la vez. Una porción minúscula de la buena humanidad volaba entre aquellas cabezas ajenas desconocidas pero con un origen común muy remoto.
Aquella aparente lipotimia ocultaba algo profundo, al tiempo que mostraba la protexta de su cuerpo que demandaba parar, bajarse del tren, comenzar a caminar sin sentir el traqueteo bajo sus pies. Parar. Parar.
"Respira profundamente", eso es lo que le repetía una mujer madura que se identificó como médico. Debía soltar el aire por la boca muy lentamente, dedicándole el doble de tiempo que a la inspiración. Aquello parecía una misión imposible. El pecho se le bloqueó en su primer intento. El aire quedó estancado en su interior, adueñándose de ese espacio que abarcaba desde la garganta hasta el abdomen.
Se volvió a tumbar y cerró los ojos. Ya no sabía donde estaba pero estaba tranquila.
Cuando despertó, saliendo del sopor del desmayo, se convenció por fin de que era preciso parar, detenerse, encontrar su lugar, dejar de ser nómada, instalarse en su refugio abierto en el mundo.

13 comentarios:

anuar bolaños dijo...

Parar, quedarse dentro de alguien.

el paseante dijo...

Espero que eso no te sucediera a ti, que sea una invención o algo que le ha pasado a un conocido tuyo. En cualquier caso, parece una simple bajada de glucosa por cansancio, algo que se soluciona fácilmente, pero que asusta cuando te pasa.

Deberíamos tomarnos la vida con más calma, ¿no crees?

De cenizas dijo...

Siempre a mucha velocidad el paisaje se hace borroso, difusa la realidad, confusas las emociones... entonces la consciencia se bloquea: ¡Para! -grita - vive el aquí y ahora.

Muy buena parábola.

Besos.

Daltvila dijo...

Anuar:

Puede que no haya una forma mejor de parar, quedarse dentro de alguien.

Quedarse dentro de alguien?

Sí, pero solo el tiempo necesario para recuperarte. Después de anidar allí, empezar a hacer pequeños vuelos juntos, luego también por separado aunque se regrese siempre a ese refugio.

Un abrazo.
Me alegra verte por aquí

Daltvila dijo...

Se trata de una pseudoficción, no sé si me explico.
"Reposo relativo"
Aquí me tienes todo el fin de semana tomando fuerzas para volver a meterme contigo... Con calma, eso sí. A ver si lo logro.

Un abrazo y que tengas una plácida y alegre semana!

Daltvila dijo...

De cenizas:
Gracias por tus palabras. Creo que te gustó la parábola porque probablemente te sentiste identificado con algún momento de tu vida.
Mañana trataré de buscar un sitio desde el que pueda gritar

PARAAAAAAAAAAAAAAA!

sin que nadie me escuche.

Un fuerte abrazo

Supe dijo...

Abrir la ventanilla y disminuir la velocidad. Y seguir viajando!!

Puede que sea mi situación: recién hechas las maletas y asomando la cabeza al mundo, no me parece apetecible anidar.

Me ha encantado, por cierto :)

Mónica dijo...

"cómo suena una palmada hecha con una sola mano?"

Daltvila dijo...

Supe:
Me alegra que te haya gustado y me alegro de que te asomes por aquí.
Me parece genial que con tus maletas recién hechas, te dediques a viajar y conocer mundo, pero, como bien dices, con las ventanillas bajadas y a baja velocidad, disfrutando intensamente y conscientemente de cada paisaje.

Besos

Daltvila dijo...

Mónica:

¡Qué enigmática esta vez!

No sé qué quieres decirme. Por un momento, he llegado a pensar que quizás te habías confundido de blog.

Espero que tengas una Feliz Semana

María dijo...

Mmmmm DATVILA,

no sabes tu bien, cómo te entiendo ( quiero decir lo que has escrito:-) A veces, para no pensar necesitas anestesiarte, cada uno escoge su tipo de anestesia, tu protagonista se sube a trenes que van a toda velocidad, otros se suben a otro tipo de trenes, pero sí... tarde o temprano debes parar, debes bajarte y caminar despacio otra vez, por mucho que duela, por muchos peligros que nos acechen, por mucho esfuerzo que haya que echarle en ocasiones, hay que parar, tomar aire y ... si hace falta volver a empezar:-)



Un beso preciosa, me ha gustado, mucho.

María dijo...

Lo estoy buscando y... no lo encuentro, tu buzón...jajaja bueno, creo recordar que me lo dejaste...voy a ver... si mi memoria no me falla... ¡¡no sabes lo mal que ando, parezco una viejita!! :-)



Muaaaaksss cielo

Daltvila dijo...

Gracias María por tu consejo y tus palabras de ánimo. En ello estoy, poco a poco.

Besos y abrazos

* Blojir, no sé que ha hecho conmigo, parece ser que lo ha hecho desaparecer de mi retrato. Es:

daltvilavista@gmail.com