jueves, 22 de diciembre de 2011

Día desincronizado

Esta luz tan intensa, el vivo y limpio azul del cielo, este calor a destiempo justo cuando da comienzo el invierno,... me descolocan y convierten mi día en un día desincronizado, zigzagueante, en una laberinto imposible. Da igual que tome la derecha, da igual que tome la izquierda o que siga de frente. Vaya donde vaya, todo el día acabo tropezando con caminos cortados, sin salida o con salidas prohibidas temporalmente.
Por la mañana, apenas salgo de casa, siento que estoy ante una aparición. Por la acera de enfrente camina un niño de unos cinco años vestido de angelito en busca de su belén. Su traje es del mismo azul que viste hoy el cielo y sus alas son blancas y algodonosas, mullidas, tiernas.






Mi imaginación, sin detenerse a pedirme permiso, cruza decidida la calle y arrebata las alas al niño y son tan reales, tan preciosas, que me hacen volar a otro tiempo...
El pitido de un coche me sorprende con un pie en la carretera, al caer de repente desde lo alto, sobresaltada por su estruendo.
Sigo con mi guión preestablecido para la jornada cual actriz perfeccionista y entregada.
Hoy termino tarde en el trabajo y en lugar de comer un plato de caliente, me tomo un bocadillo de jamón con tomate acompañado de un zumo de naranja en una pequeña cafetería de la plaza de un pueblo. Me acompaña una compañera que con el paso del tiempo y a fuerza de compartir confidencias buenas y malas o más malas que buenas (las confidencias malas unen más, indiscutiblemente)  mutó a amiga. Ella se toma un triste cortado con sacarina.
En ello estamos cuando de pronto irrumpen en la cafetería dos personas, una de ellas desmayada y sostenida por la otra. La sienta en una silla y empieza a gritar "¿Qué te pasa?¿Qué te pasa?"
Nos acercamos rapidamente y nos ofrecemos a llamar al 112 pero vemos que el acompañante acaba de marcar en su teléfono movil. Le pregunto si ya está llamando él y responde que no y comienza a hablar con alguien relajadamente mientras su amiga permanece en la silla inconsciente. Nunca dejaré de sorprenderme.
Finalmente la desmauyada reacciona al ponerle el camarero un paño de agua fria sobre la frente.
Nos marchamos y yo me quedo con una sensación extraña al salir, cuando veo los veladores al sol, vacios, Terraza de verano en una plaza de invierno.
Al llegar esta tarde a casa, me tomé un té con dos onzas de chocolate negro y después paseé a mi perra que andaba desesperada por salir. La paseé deprisa porque tenía pensado ir a una clase de yoga.
Mi perra se entretuvo con unos chicos que estaban pescando y que habían dejado restos de comida a su alrededor. Jugamos al gato y al ratón al tratar de alcanzarla y atarle de nuevo la correa.
Me doy cuenta de que habré de correr mucho para llegar a tiempo. Decido arriesgarme. En el camino tengo la mala suerte de encontrarme deltante un autobus escolar que va a paso tortuga y se detiene en cada parada. Sé que si llego diez minutos tarde, encontraré la sala cerrada y que no podré reengancharme de ningun modo porque la profesora, al parecer, es sumamente estricta con ello.
Aparco de cualquier manera y corro hacia la puerta.
Cerrada a cal y canto.
Miro adentro a través del cristal de la puerta con una enorme envidia y desazón. La lentitud de los movimientos y la paz que se respira dentro contrasta con los latidos acelerados de mi corazón y mi respiración agitada.
Pienso: Si las cosas han venido así, iré al FNAC a comprar un libro que quiero regalar y "La tregua" de Benedetti que pienso autoregalarme.
Me relajo, me entretengo, disfruto, observo,... Hoy  el local tiene un aire diferente, se nota que la gente ha salido a comprar los regalos de Navidad. Después de hacer cola para pagar y una vez que los libros ya han sido metidos por la cajera en la bolsa, rezumando yo felicidad por todos los poros de mi cuerpo ante el subidón de adrenalina que experimento ante un libro a punto de leer, descubro que olvidé la cartera en casa. La chica me mira divertida mientras yo revuelvo el interior de mi bolso que parece un pozo de sorpresas. Nada.
Decido dar una vuelta, pues no tengo fuerzas de volver a mi casa a por la cartera y regresar.
La ciudad está imposible de gente.
Me voy a por el coche. Elijo la salida del parking que creo me viene mejor pero resulta que la calle a la que da está cerrada por obras. Me veo obligada a dar una vuelta impresionante para ir a parar a la otra punta de la ciudad, por la que nunca salgo. Un semáforo se pone en rojo. Levanto la vista desganada y le veo pasar.
Parece regresar de una comida de trabajo. Conversa con alguien con aire igualmente desganado, cansado.
Es extraño cuando obsevas a distancia a alguien a quien siempre tuviste cerca. Cuando le observas sin ser visto.

15 comentarios:

el paseante dijo...

Esto te pasa por residir en una gran ciudad. Si vivieras en Barcelona todo sería más plácido y no necesitarías el yoga. La verdad es que te ha salido un post intenso, rematado con ese final entre triste y nostálgico. Un buen texto.

Que tinguis un Bon Nadal, Daltvila.

PD: Y no te compres esa novelita de Benedetti, que está muy sobrevalorada. Normalmente la recomiendan los lectores cursis.

Ada dijo...

No lo he leído, pero después de tu post, "una tregua" si parece que necesites. Buf, que estrés. Felices fiestas!

De cenizas dijo...

Las realidades paralelas, a veces, confluyen en caótico desorden en nuestro camino... pero... la casualidad no existe, siempre hay un por qué.



besos

Ámber dijo...

¡Uffff, pues vaya díita, sí! Pero bien narrado, y no del todo tan desaprovechado.

Bisous et très joyeaux Noël, chèrie!

* No me ha tocado la lotería, pero es porque no juego, ¡jajajajaja! Creo en la Navidad y en el espíritu de la Navidad, pero no en ese tipo de suerte, si bien me alegro mucho por quienes les toca.

Mónica dijo...

Además de observar hay que...

Daltvila dijo...

Paseante:
Estoy por mudarme a la tranquila ciudad de Barcelona;)
Hoy me he comprado por fin el "cursi" libro y estoy deseando empezarlo, pero necesito un poco de paz para ello.

Un abrazo

Daltvila dijo...

Ada:
Mi "tregua" empezará realmente el próximo lunes, o eso espero.
Deseo que disfrutes estos días muy mucho.

Un abrazo

Daltvila dijo...

De cenizas:
Me ha encantado tu comentario. Yo también pienso que a veces da igual lo que queramos hacer, que el destino nos manejará a su antojo. Otras, en cambio, parece que las riendas las llevamos nosotros, solo parece.

Feliz Navidad!!!

Daltvila dijo...

La verdad Ámber que lo exprimí bastante aunque no pudiese hacer todo lo que quería. Hoy estoy para los restos. Me voy a la cama en cuanto apague el ordenador.

Un abrazo muy fuerte, viajera.

Me alegro de tu regreso *

Daltvila dijo...

Ay, Mónica!
¡No me`piques!

Feliz Navidad

Mónica dijo...

Ya has empezado?

fiorella dijo...

Feliz Navidad!!!Un beso.

Pais secret dijo...

Bon Nadal Daltvila i els meus millors desitjos pel 2012!

anuar bolaños dijo...

Llevo varios días en Mangalú degustando su geometría y sin salir a cazar atardeceres. Me ensancho. Nada que ya no exista, y sin embargo todo es mágico, con ese sabor fluido y a salticos de la cotidianidad en vacaciones cuando el año se cierra.

Duermo más relajado a pesar del calor, liviano y sin culpas, con algunas tareas pendientes pero no urgentes, con un olvido solidario diciéndome que ya estoy a punto de cruzar el puente completamente, es decir, que ya he dejado atrás la porción mayor de mis viejas rabias. Dentro, en aquella región desocupada, un amor de gestos nuevos empieza a tornarse sólido. Es poco lo que planeo o lo que espero. Esperar algo del futuro sería asustarme adrede, y eso a su vez sería como una traición contra mi actual estado de sosiego. Ya no tengo nada que pelearle al pasado, ya mi entendimiento ha encontrado nuevo material para su juegos literarios. Ni siquiera siento necesario hacer balance, mi última estrategia fue tocar de oído largo rato a ver cómo me salía la improvisación, y bien, lo logrado me satisface. Mi corazón se mantiene en su terco norte de expandir su oficio de abrazador, que no es innato sino entrenado. Quisiera poder ser un poco más silencioso, armar frases con menos palabras, brindar una mirada más limpia. Aún no río con soltura. Sigo siendo el que mira por la ventana y en días de lluvia, en días de presente fracturado, de país dolorido, o simple rutina de aprendiz de hombre, recuerdo a los que amo, sollozo en seco, frunzo los labios, suelto un suspiro, y sigo.

Daltvila dijo...

Anuar:
Deseo que rías con soltura,
sin costuras,
que empieces y
siempre sea de ese modo.