´Tengo problemas para responder a vuestros comentarios. El Sr. Blogger está de morros conmigo o está bromeando. No lo sé. El caso es que después de responder a Mónica, como los días pasados, otra vez ha empezado a no dejarme, bloqueándose mi página de manera que no se puede ir ni para adelante ni para atrás.
Solo se me ha ocurrido esta fórmula.
Quería decirte Ada que estoy completamente de acuerdo contigo. De la misma manera que se da gimnasia o inglés, no estaría de más introducir en las escuelas el yoga, pero supongo que aún queda gente por ahí que, por desconocimiento, se cree que esto es cosa de iluminados. Yo solo puedo hablar desde mi experiencia y únicamente puedo decir que es fantástico tanto a nivel físico como mental. La pena es que apenas saco tiempo y soy muy irregular y pienso que la constancia es muy importante.
Mr. Paseante: Es un honor para mí haber contribuído un poquito a transmitirte lo que tú me das cada vez que escribes. Solo tengo algo que criticarte, aunque no me atrevo mucho y menos en público.... Uhmmmm!!! ¿Cómo te lo diría?
En fín, espero que no te enfades conmigo, lo sentiría mucho.
Es que escribes muy poco. En fin, no me queda otra que echar mano de tus diarios antiguos en días en que necesito tu dosis de Paz.
Ámber: ¿Qué puedo decirte si ambos somos las fundadoras de la AEAA (¿era así?)
Me encanta lo que me dices y que veas algo no tan anodino en lo que cuento.
Acabo de ver que has publicado sobre Garzón y ahora mismo voy a colarme en tu Alma Zen
Hasta ahora!
De cenizas: Tienes que explicarme exactamente lo que dices. ¿Tú también practicas yoga?
Besos a todos y DULCES SUEÑOS********
Es un placer teneros
Un intento late aquí y en todas partes de aferrarse a la creencia de que "Lo mejor está por venir". "... asomó por fin el sol y las carnes se hicieron de oro..." (La vieja sirena, JOSÉ LUÍS SAMPEDRO)
martes, 17 de enero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
La dulce serenidad de lo anodino
Había bajado ya la persiana de la terraza con la intención de meterme en la cama, leer un poco y dormirme, pero el viento golpeaba con fuerza el toldo y me he visto obligada a subir la persiana de nuevo y recogerlo.
El viento esta noche tiene un sonido desapacible y, sin embargo, el calor dentro de casa y la calma aquí hacen que me sienta abrigada, reconfortada. Me apena tener que dormirme ahora y perderme esto.
Esta tarde disfruté de un pequeño paseo, el primer paseo realmente invernal. Ha sido el primer día que he rodeado mi cuello con mi bufanda de lana, tapándome hasta las orejas. El aire olía a leña. Era un aire fresco, limpio, de ramas de árboles desnudas de hojas, aparentemente secas, de vida latente, de letargo sosegado.
La semana empezó bien. ¡No! No pienses que pasó nada extraordinario sino todo lo contrario. Creo que simplemente fue un día ordenado. Puede que para que resulte de ese modo haya de invertir un poco de tiempo en plantearlo, en programarlo, un tiempo mínimo pero necesario.
Trabajé bastante pero no me cansé. Tenía la ilusión de ir después a una clase de yoga. Milagrosamente fui capaz de llegar a tiempo sin prisas, de poder charlar con unas compañeras unos minutos antes de que empezase. Conversación anodina, lejos de mi acelerado trabajo, a años luz de él. Conversación de recetas de cocina, de unos higos sabrosos que preparan en no sé que parte de Extremadura con licor y chocolate, de un sorbete de higos, ...
Fue una práctica de yoga dura pero en la relajación me sentía tan bien que cuando la profesora dijo que cuando quisieramos podíamos ir saliendo de ella, yo no quería incorporrme, me habría encantado que alguien me hubiese tapado con una gruesa manta y haber permanecido así, medio dormitando, sintiendo fluir mi cuerpo en su reposo.
La tarde me deparó alguna sorpresiva noticia, sorpresa esperada o quizás "esperable", previsible, posible. Sorpresa no deseable pero me sorprendí a mí misma afrontándola serenamente, transcurriendo por ella como una gracil sirena y saliendo a la superficie con suavidad pero con determinación, segura.
Tengo la tonta impresión de que hoy ha empezado algo, algo bueno.
El viento esta noche tiene un sonido desapacible y, sin embargo, el calor dentro de casa y la calma aquí hacen que me sienta abrigada, reconfortada. Me apena tener que dormirme ahora y perderme esto.
Esta tarde disfruté de un pequeño paseo, el primer paseo realmente invernal. Ha sido el primer día que he rodeado mi cuello con mi bufanda de lana, tapándome hasta las orejas. El aire olía a leña. Era un aire fresco, limpio, de ramas de árboles desnudas de hojas, aparentemente secas, de vida latente, de letargo sosegado.
La semana empezó bien. ¡No! No pienses que pasó nada extraordinario sino todo lo contrario. Creo que simplemente fue un día ordenado. Puede que para que resulte de ese modo haya de invertir un poco de tiempo en plantearlo, en programarlo, un tiempo mínimo pero necesario.
Trabajé bastante pero no me cansé. Tenía la ilusión de ir después a una clase de yoga. Milagrosamente fui capaz de llegar a tiempo sin prisas, de poder charlar con unas compañeras unos minutos antes de que empezase. Conversación anodina, lejos de mi acelerado trabajo, a años luz de él. Conversación de recetas de cocina, de unos higos sabrosos que preparan en no sé que parte de Extremadura con licor y chocolate, de un sorbete de higos, ...
Fue una práctica de yoga dura pero en la relajación me sentía tan bien que cuando la profesora dijo que cuando quisieramos podíamos ir saliendo de ella, yo no quería incorporrme, me habría encantado que alguien me hubiese tapado con una gruesa manta y haber permanecido así, medio dormitando, sintiendo fluir mi cuerpo en su reposo.
La tarde me deparó alguna sorpresiva noticia, sorpresa esperada o quizás "esperable", previsible, posible. Sorpresa no deseable pero me sorprendí a mí misma afrontándola serenamente, transcurriendo por ella como una gracil sirena y saliendo a la superficie con suavidad pero con determinación, segura.
Tengo la tonta impresión de que hoy ha empezado algo, algo bueno.
viernes, 13 de enero de 2012
En honor a la AMISTAD
Hoy, aprovechando que es viernes, último día laboral de la semana y, por tanto, más relajado, por delante el fin de semana despliega sus alas, he quedado a comer con dos amigas. Somos amigas relativamente recientes pero intensamente amigas, ya viejas amigas en confidencias.
En poco más de un año hemos compartido serias dificultades, angustias, risas, afecto, camaradería,... Hemos acudido siempre raudas y veloces a nuestras llamadas de auxilio. He demandado su ayuda, especialmente a una de ellas por ser quien tiene una vida más sencilla, emocionalmente hablando, que no en lo demás. Y en momentos cruciales, ella ha aparecido sin previo aviso y sin requerir su presencia cuando más necesitaba una cara amiga. Lo ha dejado todo, su siempre liado trabajo, ha cogido el coche y se ha plantado en las afueras de la ciudad, en la puerta por la que yo debía salir, sin saber la hora exacta y me ha enviado mensajes de movil de apoyo sin decirme en ninguno de ellos que estaba allí, afuera, de pie, esperando. Mientras tanto, yo, dentro, miraba sus mensajes y me llenaban de fuerza.
Recuerdo la primera vez que nos tomamos algo juntas. Parecíamos tan distintas que nadie habría podido percibir que en realidad eramos tan iguales.
Hoy, al salir del restaurante, la más ocupada ha tenido que regresar al trabajo y mi otra amiga me ha acompañado a recoger un teléfono movil nuevo que había encargado hacía cinco semanas y que, por supuesto, ya no estaba; se lo habían adjudicado a otro cliente ante mi presumible abandono. Lo he encargado de nuevo y le he suplicado a la dependienta que me llame en cuanto lo reciban para no correr el riesgo de dejar pasar otras cinco semanas y convertir esto en la historia de Sísifo. Me conozco.
Luego hemos ido a una tienda de libros para comprar una novela escrita por una conocida, otra de las cosas que tenía pendientes desde hacía cinco semanas. Cuando ella me recordó el miercoles pasado que se lo llevara para dedicármelo, he de confesar que me sentí como una rata de alcantarilla. Debí comprarlo en cuanto salió porque tenía y tengo auténtica ilusión de leerlo y en cuanto lo acabe o durante su lectura, os hablaré del mismo. Mientras tanto, mantengo el suspense.
Hoy presentaban otro libro en este establecimiento. Las sillas estaban ya montadas cuando hemos entrado y al frente, sobre una mesa alargada, se amontonaban en columnas numerosos ejemplares. Hemos estado mirando cuentos con ilustraciones preciosas, las novedades, las viejas glorias,... Algunos títulos eran realmente sugerentes, te incitaban a caer en la tentación de comprarlos pero mi presupuesto para libros ya cubrió su cupo este mes de la cuesta.
Al llegar a casa, mi perra me ha recibido alegre y se ha dirigido directa a donde guardo su comida.
Me siento ante el ordenador en este impasse y me pongo a escribir este no sé qué en honor a la AMISTAD.
En poco más de un año hemos compartido serias dificultades, angustias, risas, afecto, camaradería,... Hemos acudido siempre raudas y veloces a nuestras llamadas de auxilio. He demandado su ayuda, especialmente a una de ellas por ser quien tiene una vida más sencilla, emocionalmente hablando, que no en lo demás. Y en momentos cruciales, ella ha aparecido sin previo aviso y sin requerir su presencia cuando más necesitaba una cara amiga. Lo ha dejado todo, su siempre liado trabajo, ha cogido el coche y se ha plantado en las afueras de la ciudad, en la puerta por la que yo debía salir, sin saber la hora exacta y me ha enviado mensajes de movil de apoyo sin decirme en ninguno de ellos que estaba allí, afuera, de pie, esperando. Mientras tanto, yo, dentro, miraba sus mensajes y me llenaban de fuerza.
Recuerdo la primera vez que nos tomamos algo juntas. Parecíamos tan distintas que nadie habría podido percibir que en realidad eramos tan iguales.
Hoy, al salir del restaurante, la más ocupada ha tenido que regresar al trabajo y mi otra amiga me ha acompañado a recoger un teléfono movil nuevo que había encargado hacía cinco semanas y que, por supuesto, ya no estaba; se lo habían adjudicado a otro cliente ante mi presumible abandono. Lo he encargado de nuevo y le he suplicado a la dependienta que me llame en cuanto lo reciban para no correr el riesgo de dejar pasar otras cinco semanas y convertir esto en la historia de Sísifo. Me conozco.
Luego hemos ido a una tienda de libros para comprar una novela escrita por una conocida, otra de las cosas que tenía pendientes desde hacía cinco semanas. Cuando ella me recordó el miercoles pasado que se lo llevara para dedicármelo, he de confesar que me sentí como una rata de alcantarilla. Debí comprarlo en cuanto salió porque tenía y tengo auténtica ilusión de leerlo y en cuanto lo acabe o durante su lectura, os hablaré del mismo. Mientras tanto, mantengo el suspense.
Hoy presentaban otro libro en este establecimiento. Las sillas estaban ya montadas cuando hemos entrado y al frente, sobre una mesa alargada, se amontonaban en columnas numerosos ejemplares. Hemos estado mirando cuentos con ilustraciones preciosas, las novedades, las viejas glorias,... Algunos títulos eran realmente sugerentes, te incitaban a caer en la tentación de comprarlos pero mi presupuesto para libros ya cubrió su cupo este mes de la cuesta.
Al llegar a casa, mi perra me ha recibido alegre y se ha dirigido directa a donde guardo su comida.
Me siento ante el ordenador en este impasse y me pongo a escribir este no sé qué en honor a la AMISTAD.
jueves, 12 de enero de 2012
Benedetti, sin desperdicio
...bastante amarga es la vida como para que, además, nos pongamos plañideros o mimosos o histéricos, solo porque algo se puso en nuestro camino y no nos deja proseguir nuestra excursión hacia la dicha, que a veces está al lado del desatino... (Del genial escritor Mario Benedetti, LA TREGUA)
Cuando todo pasó, realmente yo me sentía hundida, confusa, perdida. La primera noche sentí que él había muerto cuando palpaba con mi mano el hueco de su cuerpo en nuestra cama.
Las semanas pasaron y alguien, otro sabio como Benedetti, me dijo: "Tú ahora no te das cuenta, pero la vida te ha dado una segunda oportunidad".
Pasaron los meses y pude comprobar que realmente es así.
La dicha, a veces, está al lado del desatino y ello es algo que solo podemos ver con posterioridad ¡ En cuantás ocasiones nos lamentamos de algo que estimamos una desgracia y luego damos gracias de que fuera así ! Otras nos arrepentimos de haber anhelado algo y nos viene a la cabeza aquello de "Cuidado con lo que deseas, tus sueños pueden hacerse realidad".
La vida realmente está llena de personas maravillosas; otras no. Las primeras están ahí, deseando ser descubiertas.
* Seguro que le da mucha verguenza por lo poco que le conozco, tan solo sus letras en sus paseos por el Turoparc, pero he de agradecerle al Sr. Paseante haberme descubierto a través de su blog a este Gran Escritor.
Cuando todo pasó, realmente yo me sentía hundida, confusa, perdida. La primera noche sentí que él había muerto cuando palpaba con mi mano el hueco de su cuerpo en nuestra cama.
Las semanas pasaron y alguien, otro sabio como Benedetti, me dijo: "Tú ahora no te das cuenta, pero la vida te ha dado una segunda oportunidad".
Pasaron los meses y pude comprobar que realmente es así.
La dicha, a veces, está al lado del desatino y ello es algo que solo podemos ver con posterioridad ¡ En cuantás ocasiones nos lamentamos de algo que estimamos una desgracia y luego damos gracias de que fuera así ! Otras nos arrepentimos de haber anhelado algo y nos viene a la cabeza aquello de "Cuidado con lo que deseas, tus sueños pueden hacerse realidad".
La vida realmente está llena de personas maravillosas; otras no. Las primeras están ahí, deseando ser descubiertas.
* Seguro que le da mucha verguenza por lo poco que le conozco, tan solo sus letras en sus paseos por el Turoparc, pero he de agradecerle al Sr. Paseante haberme descubierto a través de su blog a este Gran Escritor.
domingo, 8 de enero de 2012
¡Ay, Benedetti!
... Yo sé que es buena persona, que está hecha de buena pasta. Sé que si alguna vez se enamorase de alguien, no me dejaría en esa humillante ignorancia que constituye la afrenta de los burlados..( LA TREGUA, Mario Benedetti)
Quizás sea necesaria una buena dosis de bondad o una mínina dosis para respetar al otro y no permitir que se vea humillado, denigrado al descubrir que todo lo que vivió durante el periodo de la ignorancia no fue sino una mentira, un espejismo, una burda representación teatral en la que los otros eran actores en un escenario real.
Me pregunto de qué pasta estarán hechos aquellos que son capaces de vivir una doble vida, compartiendo su cuerpo con dos personas a la vez - presumo que su alma y su corazón los dejan en manos de una sola de ellas- penetrando en el interior de una de ellas, fundiéndose de forma sucesiva y alternativa con cada una de ellas.
Resulta imposible para mi intelecto o mi conciencia, conciencia intangible pero de un gran peso, comprender que se pueda tomar la mano de alguien a sabiendas de que es un simple gesto ficticio en el universo de los gestos.
Me repugna saberme simple objeto de provocaciones tendentes a un propósito ajeno, víctima de una trama urdida con tanto tiempo de antelación, ignorante de ello.
La humillación surge después y aparece con todo el bagaje acumulado a lo largo del tiempo que duró el engaño, directamente proporcional a su recorrido, arrastrando consigo una cadena de flashbacks espontáneos, libres, repentinos, inoportunos,... Tu cerebro fue guardando jirones de instantes, vivencias en las que en legítima defensa cubrió con un tul de color de rosa las violencias, los acometimientos, las envestidas y ahora, en una suerte de purga, los extrae desde lo más hondo.
Y vuelve a ser el tiempo el que goza de las propiedades curativas o eso creo.
* ¡Ay, este Benedetti!
¡Y yo escribiendo estas cosas tan tristes cuando el Sol luce afuera, regalándonos sus dulces rayos y su apacible luz en el invierno!
Es magnifico el libro, un compendio sabio de la vida.
Quizás sea necesaria una buena dosis de bondad o una mínina dosis para respetar al otro y no permitir que se vea humillado, denigrado al descubrir que todo lo que vivió durante el periodo de la ignorancia no fue sino una mentira, un espejismo, una burda representación teatral en la que los otros eran actores en un escenario real.
Me pregunto de qué pasta estarán hechos aquellos que son capaces de vivir una doble vida, compartiendo su cuerpo con dos personas a la vez - presumo que su alma y su corazón los dejan en manos de una sola de ellas- penetrando en el interior de una de ellas, fundiéndose de forma sucesiva y alternativa con cada una de ellas.
Resulta imposible para mi intelecto o mi conciencia, conciencia intangible pero de un gran peso, comprender que se pueda tomar la mano de alguien a sabiendas de que es un simple gesto ficticio en el universo de los gestos.
Me repugna saberme simple objeto de provocaciones tendentes a un propósito ajeno, víctima de una trama urdida con tanto tiempo de antelación, ignorante de ello.
La humillación surge después y aparece con todo el bagaje acumulado a lo largo del tiempo que duró el engaño, directamente proporcional a su recorrido, arrastrando consigo una cadena de flashbacks espontáneos, libres, repentinos, inoportunos,... Tu cerebro fue guardando jirones de instantes, vivencias en las que en legítima defensa cubrió con un tul de color de rosa las violencias, los acometimientos, las envestidas y ahora, en una suerte de purga, los extrae desde lo más hondo.
Y vuelve a ser el tiempo el que goza de las propiedades curativas o eso creo.
* ¡Ay, este Benedetti!
¡Y yo escribiendo estas cosas tan tristes cuando el Sol luce afuera, regalándonos sus dulces rayos y su apacible luz en el invierno!
Es magnifico el libro, un compendio sabio de la vida.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Escapada en la sobremesa del día de Navidad
Acabo de comer con mi familia y en este rato tonto de recoger la mesa y preparar un té de navidad y los dulces, estaba sonando mi canción navideña favorita del CD que escucho cada año mientras montamos el árbol y he querido compartirlo con todos vosotros (me he escapado disimuladamente). Quiero hacerlo porque en este peculiar mundo Bloguer que descubrí este año he encontrado a gente maravillosa y aunque, desincronizados y no en tiempo real, me he comunicado con vosotros y me habéis aportado muchísimo.
FELIZ NAVIDAD
FELIZ NAVIDAD
jueves, 22 de diciembre de 2011
Día desincronizado
Esta luz tan intensa, el vivo y limpio azul del cielo, este calor a destiempo justo cuando da comienzo el invierno,... me descolocan y convierten mi día en un día desincronizado, zigzagueante, en una laberinto imposible. Da igual que tome la derecha, da igual que tome la izquierda o que siga de frente. Vaya donde vaya, todo el día acabo tropezando con caminos cortados, sin salida o con salidas prohibidas temporalmente.
Por la mañana, apenas salgo de casa, siento que estoy ante una aparición. Por la acera de enfrente camina un niño de unos cinco años vestido de angelito en busca de su belén. Su traje es del mismo azul que viste hoy el cielo y sus alas son blancas y algodonosas, mullidas, tiernas.
Hoy termino tarde en el trabajo y en lugar de comer un plato de caliente, me tomo un bocadillo de jamón con tomate acompañado de un zumo de naranja en una pequeña cafetería de la plaza de un pueblo. Me acompaña una compañera que con el paso del tiempo y a fuerza de compartir confidencias buenas y malas o más malas que buenas (las confidencias malas unen más, indiscutiblemente) mutó a amiga. Ella se toma un triste cortado con sacarina.
En ello estamos cuando de pronto irrumpen en la cafetería dos personas, una de ellas desmayada y sostenida por la otra. La sienta en una silla y empieza a gritar "¿Qué te pasa?¿Qué te pasa?"
Nos acercamos rapidamente y nos ofrecemos a llamar al 112 pero vemos que el acompañante acaba de marcar en su teléfono movil. Le pregunto si ya está llamando él y responde que no y comienza a hablar con alguien relajadamente mientras su amiga permanece en la silla inconsciente. Nunca dejaré de sorprenderme.
Finalmente la desmauyada reacciona al ponerle el camarero un paño de agua fria sobre la frente.
Nos marchamos y yo me quedo con una sensación extraña al salir, cuando veo los veladores al sol, vacios, Terraza de verano en una plaza de invierno.
Al llegar esta tarde a casa, me tomé un té con dos onzas de chocolate negro y después paseé a mi perra que andaba desesperada por salir. La paseé deprisa porque tenía pensado ir a una clase de yoga.
Mi perra se entretuvo con unos chicos que estaban pescando y que habían dejado restos de comida a su alrededor. Jugamos al gato y al ratón al tratar de alcanzarla y atarle de nuevo la correa.
Me doy cuenta de que habré de correr mucho para llegar a tiempo. Decido arriesgarme. En el camino tengo la mala suerte de encontrarme deltante un autobus escolar que va a paso tortuga y se detiene en cada parada. Sé que si llego diez minutos tarde, encontraré la sala cerrada y que no podré reengancharme de ningun modo porque la profesora, al parecer, es sumamente estricta con ello.
Aparco de cualquier manera y corro hacia la puerta.
Cerrada a cal y canto.
Miro adentro a través del cristal de la puerta con una enorme envidia y desazón. La lentitud de los movimientos y la paz que se respira dentro contrasta con los latidos acelerados de mi corazón y mi respiración agitada.
Pienso: Si las cosas han venido así, iré al FNAC a comprar un libro que quiero regalar y "La tregua" de Benedetti que pienso autoregalarme.
Me relajo, me entretengo, disfruto, observo,... Hoy el local tiene un aire diferente, se nota que la gente ha salido a comprar los regalos de Navidad. Después de hacer cola para pagar y una vez que los libros ya han sido metidos por la cajera en la bolsa, rezumando yo felicidad por todos los poros de mi cuerpo ante el subidón de adrenalina que experimento ante un libro a punto de leer, descubro que olvidé la cartera en casa. La chica me mira divertida mientras yo revuelvo el interior de mi bolso que parece un pozo de sorpresas. Nada.
Decido dar una vuelta, pues no tengo fuerzas de volver a mi casa a por la cartera y regresar.
La ciudad está imposible de gente.
Me voy a por el coche. Elijo la salida del parking que creo me viene mejor pero resulta que la calle a la que da está cerrada por obras. Me veo obligada a dar una vuelta impresionante para ir a parar a la otra punta de la ciudad, por la que nunca salgo. Un semáforo se pone en rojo. Levanto la vista desganada y le veo pasar.
Parece regresar de una comida de trabajo. Conversa con alguien con aire igualmente desganado, cansado.
Es extraño cuando obsevas a distancia a alguien a quien siempre tuviste cerca. Cuando le observas sin ser visto.
Por la mañana, apenas salgo de casa, siento que estoy ante una aparición. Por la acera de enfrente camina un niño de unos cinco años vestido de angelito en busca de su belén. Su traje es del mismo azul que viste hoy el cielo y sus alas son blancas y algodonosas, mullidas, tiernas.
Mi imaginación, sin detenerse a pedirme permiso, cruza decidida la calle y arrebata las alas al niño y son tan reales, tan preciosas, que me hacen volar a otro tiempo...
El pitido de un coche me sorprende con un pie en la carretera, al caer de repente desde lo alto, sobresaltada por su estruendo.
Sigo con mi guión preestablecido para la jornada cual actriz perfeccionista y entregada.Hoy termino tarde en el trabajo y en lugar de comer un plato de caliente, me tomo un bocadillo de jamón con tomate acompañado de un zumo de naranja en una pequeña cafetería de la plaza de un pueblo. Me acompaña una compañera que con el paso del tiempo y a fuerza de compartir confidencias buenas y malas o más malas que buenas (las confidencias malas unen más, indiscutiblemente) mutó a amiga. Ella se toma un triste cortado con sacarina.
En ello estamos cuando de pronto irrumpen en la cafetería dos personas, una de ellas desmayada y sostenida por la otra. La sienta en una silla y empieza a gritar "¿Qué te pasa?¿Qué te pasa?"
Nos acercamos rapidamente y nos ofrecemos a llamar al 112 pero vemos que el acompañante acaba de marcar en su teléfono movil. Le pregunto si ya está llamando él y responde que no y comienza a hablar con alguien relajadamente mientras su amiga permanece en la silla inconsciente. Nunca dejaré de sorprenderme.
Finalmente la desmauyada reacciona al ponerle el camarero un paño de agua fria sobre la frente.
Nos marchamos y yo me quedo con una sensación extraña al salir, cuando veo los veladores al sol, vacios, Terraza de verano en una plaza de invierno.
Al llegar esta tarde a casa, me tomé un té con dos onzas de chocolate negro y después paseé a mi perra que andaba desesperada por salir. La paseé deprisa porque tenía pensado ir a una clase de yoga.
Mi perra se entretuvo con unos chicos que estaban pescando y que habían dejado restos de comida a su alrededor. Jugamos al gato y al ratón al tratar de alcanzarla y atarle de nuevo la correa.
Me doy cuenta de que habré de correr mucho para llegar a tiempo. Decido arriesgarme. En el camino tengo la mala suerte de encontrarme deltante un autobus escolar que va a paso tortuga y se detiene en cada parada. Sé que si llego diez minutos tarde, encontraré la sala cerrada y que no podré reengancharme de ningun modo porque la profesora, al parecer, es sumamente estricta con ello.
Aparco de cualquier manera y corro hacia la puerta.
Cerrada a cal y canto.
Miro adentro a través del cristal de la puerta con una enorme envidia y desazón. La lentitud de los movimientos y la paz que se respira dentro contrasta con los latidos acelerados de mi corazón y mi respiración agitada.
Pienso: Si las cosas han venido así, iré al FNAC a comprar un libro que quiero regalar y "La tregua" de Benedetti que pienso autoregalarme.
Me relajo, me entretengo, disfruto, observo,... Hoy el local tiene un aire diferente, se nota que la gente ha salido a comprar los regalos de Navidad. Después de hacer cola para pagar y una vez que los libros ya han sido metidos por la cajera en la bolsa, rezumando yo felicidad por todos los poros de mi cuerpo ante el subidón de adrenalina que experimento ante un libro a punto de leer, descubro que olvidé la cartera en casa. La chica me mira divertida mientras yo revuelvo el interior de mi bolso que parece un pozo de sorpresas. Nada.
Decido dar una vuelta, pues no tengo fuerzas de volver a mi casa a por la cartera y regresar.
La ciudad está imposible de gente.
Me voy a por el coche. Elijo la salida del parking que creo me viene mejor pero resulta que la calle a la que da está cerrada por obras. Me veo obligada a dar una vuelta impresionante para ir a parar a la otra punta de la ciudad, por la que nunca salgo. Un semáforo se pone en rojo. Levanto la vista desganada y le veo pasar.
Parece regresar de una comida de trabajo. Conversa con alguien con aire igualmente desganado, cansado.
Es extraño cuando obsevas a distancia a alguien a quien siempre tuviste cerca. Cuando le observas sin ser visto.
FELIZ NAVIDAD !!! y suerte con la lotería
F E L I Z N A V I D A D
a tod@s y
SUERTE CON LA LOTERÍA!
Hoy es el día de los tópicos, el día de la salud, el día de "tapar agujeros", el del grave que dice "invertir en algo con futuro", el de "que se vaya el gordo para los más necesitados", el que se escurre de las cámaras...Yo no puedo evitar emocionarme con las imágenes de televisión dende salen los ganadores en un bar, todos borrachos, descorchando botellas de cava, pegando saltos, con un matasuegras en la boca y gorros de Papa Noel en la cabeza. Creo que se debe a que es algo que vengo viendo en la tele desde que era pequeña y el soniquete de los niños de San Ildefonso me trae recuerdos.
* Si a alguno os toca, no os olvidéis de vuestros seguidores.
Por cierto, mi correo electrónico aparece en mi perfil para facilitaros mi cuenta.
Un fuerte abrazo
a tod@s y
SUERTE CON LA LOTERÍA!
Hoy es el día de los tópicos, el día de la salud, el día de "tapar agujeros", el del grave que dice "invertir en algo con futuro", el de "que se vaya el gordo para los más necesitados", el que se escurre de las cámaras...Yo no puedo evitar emocionarme con las imágenes de televisión dende salen los ganadores en un bar, todos borrachos, descorchando botellas de cava, pegando saltos, con un matasuegras en la boca y gorros de Papa Noel en la cabeza. Creo que se debe a que es algo que vengo viendo en la tele desde que era pequeña y el soniquete de los niños de San Ildefonso me trae recuerdos.
* Si a alguno os toca, no os olvidéis de vuestros seguidores.
Por cierto, mi correo electrónico aparece en mi perfil para facilitaros mi cuenta.
Un fuerte abrazo
domingo, 18 de diciembre de 2011
KARAOKE Y CANELA
Llevo desde el viernes a mediodía asistiendo a comidas y cenas prenavideñas, del trabajo y de amigos, compensando con alcachofas al vapor y pescado a la plancha. La compensación del resto (karaoke, bailoteos,....) solo puedo llevarla a efecto a través del sueño y del descanso.
El caso es que a pesar de tanta comida y cena celebrando las fiestas que vienen, del alumbrado público y del olor a castañas asadas, este año no acabo de sentir el espíritu de la Navidad.
Anoche salí con el serio propósito de regresar tan pronto acabaramos de cenar pero he llegado al convencimiento de que soy tremendamente blanda porque me liaron, esgrimiendo razones endebles del tipo de "Piensa que la próxima semana no vamos a salir porque vamos a hacer vida familiar", "No puedes hacernos esto" (¿el qué?, me pregunto hoy, anoche me sentía una traidora de mis amigos) y acabé llegando a casa de madrugada. Para colmo, recuerdo que nos hicieron una foto en un pub, de esas que luego cuelgan en su web o en el propio local ¡HORROR!*
El otro día le decía a mi madre, a propósito de que estoy tomando jalea real:
Entiéndeme mamá, ¡Tengo que tomarla para poder aguantar esta vida de adolescente que llevo últimamente!
Esta tarde iba a ir también a casa de unos amigos que me habían invitado pero finalmente ha surgido un imprevisto y me quedo en casita.
Tan pronto me lo ha dicho mi amiga, he encendido la calefacción y unas luces hermosas que he metido esta mañana en un alto jarrón de cristal que me regalaron un mes de mayo. A continuación, me he puesto música brasileña por contraste y me ha puesto a cocinar un chutney de pera.
El aroma que desprende al cocerse llena el espacio del aire de canela, nuez moscada, piel de naranja, ...
Pienso en guardar un frasco del que haga para ellos, para que acompañen un delicioso paté estas fiestas y me recuerden aunque yo no esté.
Cuando regalas una mermelada o un chutney de pera, sirva el ejemplo, regalas no solo la conserva en sí, sino tu tiempo y el amor que le pones al cocinar.
Hoy luce un sol hermoso de invierno que proyecta reflejos y sombras en el interior de mi casa, haciéndola especialmente bella, por cursi que suene.
* Escribe cien veces: NO VOLVERÉ A POSAR PARA LA FOTO DE UN PUB.
El caso es que a pesar de tanta comida y cena celebrando las fiestas que vienen, del alumbrado público y del olor a castañas asadas, este año no acabo de sentir el espíritu de la Navidad.
Anoche salí con el serio propósito de regresar tan pronto acabaramos de cenar pero he llegado al convencimiento de que soy tremendamente blanda porque me liaron, esgrimiendo razones endebles del tipo de "Piensa que la próxima semana no vamos a salir porque vamos a hacer vida familiar", "No puedes hacernos esto" (¿el qué?, me pregunto hoy, anoche me sentía una traidora de mis amigos) y acabé llegando a casa de madrugada. Para colmo, recuerdo que nos hicieron una foto en un pub, de esas que luego cuelgan en su web o en el propio local ¡HORROR!*
El otro día le decía a mi madre, a propósito de que estoy tomando jalea real:
Entiéndeme mamá, ¡Tengo que tomarla para poder aguantar esta vida de adolescente que llevo últimamente!
Esta tarde iba a ir también a casa de unos amigos que me habían invitado pero finalmente ha surgido un imprevisto y me quedo en casita.
Tan pronto me lo ha dicho mi amiga, he encendido la calefacción y unas luces hermosas que he metido esta mañana en un alto jarrón de cristal que me regalaron un mes de mayo. A continuación, me he puesto música brasileña por contraste y me ha puesto a cocinar un chutney de pera.
El aroma que desprende al cocerse llena el espacio del aire de canela, nuez moscada, piel de naranja, ...
Pienso en guardar un frasco del que haga para ellos, para que acompañen un delicioso paté estas fiestas y me recuerden aunque yo no esté.
Cuando regalas una mermelada o un chutney de pera, sirva el ejemplo, regalas no solo la conserva en sí, sino tu tiempo y el amor que le pones al cocinar.
Hoy luce un sol hermoso de invierno que proyecta reflejos y sombras en el interior de mi casa, haciéndola especialmente bella, por cursi que suene.
* Escribe cien veces: NO VOLVERÉ A POSAR PARA LA FOTO DE UN PUB.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Desapareces con el viento
Todo está en movimiento. La vida fluye en rizos que se suceden interminables, adhiriéndose unos a otros, encadenándose imperceptiblemente, infinitos.
Entre todo este ajetreo, mezclada con personas que hablan a través de sus teléfonos moviles, incansables, absortas, sin ser conscientes de que elevan su voz por encima de su tono normal, haciéndonos partícipes de sus conversaciones que se entremezclan, se superponen, compartiendo sus intimidades, desnudando sus almas exhibicionistas, sin rubor.
Huyo de aquí. Huyo de este espacio.
Extraigo mi teléfono del bolso, en un acto de mimetismo.
En lugar de sumarme al cónclave de diálogos partidos por la mitad, monólogos incompletos, me refugio en el buzón de entrada de mi aparato.
Comienzo a borrar mensajes viejos. Algunos se remontan a más de un año atrás.
Sigo el orden cronológico estricto.
Observo que su nombre se repite, empieza a sucederse hasta abarcar practicamente la lista de mensajes.
Abro el primero: "Tiene tres llamadas que no le han dejado mensaje".
El siguiente contiene un mensaje de voz. Mi abuela siempre me decía de pequeña que las palabras se las lleva el viento y que lo escrito, ahí queda. Me apresuro a marcar el 123. Imposible escuchar su contenido.
Siento un vacío.
El tiempo pasado ya no está.
Borro esas entradas y sigo comprobando que pasó mucho tiempo hasta que empezaras a imprimir tus palabras en forma de texto. Al principio un simple O.K. hasta llegar a mensajes que se sucedían con textos extensos.
Luego desapareces.
Desapareces con el viento.
Desapareces como tus palabras.
Entre todo este ajetreo, mezclada con personas que hablan a través de sus teléfonos moviles, incansables, absortas, sin ser conscientes de que elevan su voz por encima de su tono normal, haciéndonos partícipes de sus conversaciones que se entremezclan, se superponen, compartiendo sus intimidades, desnudando sus almas exhibicionistas, sin rubor.
Huyo de aquí. Huyo de este espacio.
Extraigo mi teléfono del bolso, en un acto de mimetismo.
En lugar de sumarme al cónclave de diálogos partidos por la mitad, monólogos incompletos, me refugio en el buzón de entrada de mi aparato.
Comienzo a borrar mensajes viejos. Algunos se remontan a más de un año atrás.
Sigo el orden cronológico estricto.
Observo que su nombre se repite, empieza a sucederse hasta abarcar practicamente la lista de mensajes.
Abro el primero: "Tiene tres llamadas que no le han dejado mensaje".
El siguiente contiene un mensaje de voz. Mi abuela siempre me decía de pequeña que las palabras se las lleva el viento y que lo escrito, ahí queda. Me apresuro a marcar el 123. Imposible escuchar su contenido.
Siento un vacío.
El tiempo pasado ya no está.
Borro esas entradas y sigo comprobando que pasó mucho tiempo hasta que empezaras a imprimir tus palabras en forma de texto. Al principio un simple O.K. hasta llegar a mensajes que se sucedían con textos extensos.
Luego desapareces.
Desapareces con el viento.
Desapareces como tus palabras.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Santa Lucía
Mañana es Santa Lucía, empieza la Navidad.
Últimamente observo que hay muchos detractores de la Navidad. En realidad, hay amantes de estas fechas y hay quienes desearían escapar a una isla tropical y beberse un coco en lugar de brindar con cava. Lo que indiscutiblemente no se da en esta cuestión son medias tintas.
Yo, no me atrevo mucho a decirlo, pues es como ser rojo en los tiempos que corren, pero lo voy a dejar aquí por escrito, aunque me arriesgue a que me lancéis tomates:
¡ ME ENCANTA LA NAVIDAD!
Hoy, víspera del 13 de diciembre, he puesto el árbol en casa y he disfrutado haciéndolo mientras sonaban de fondo, como cada año, canciones de Navidad cantadas por Frank Sinatra y varias velas iluminaban el salón, a falta de un buen fuego en una chimenea.
El año pasado hice exactamente lo mismo, importándome menos que nada que el 2010 hubiese sido probablemente el peor año de mi vida, con diferencia. Pase lo que pase, este ritual lo repetiré y me convertiré yo en la Papá Noel que haga realidad los sueños que estén en mi mano para los demás.
Hace un año me ví incluso obligada a buscarme un paje en el último momento. Fue emocionante culminar todos los preparativos la tarde de Nochebuena para conseguir una gran y preciosa sonrisa en la cara de alguien muy especial que tanto lo necesitaba.
Creo que ni mi ayudante ni yo olvidaremos ese día. Mi ayudante que, gracias a ello, se convirtió en un gran amigo cuando en aquel momento creo que nos habíamos visto tres veces.
La vida es increiblemente generosa cuando no le cerramos las puertas.
Últimamente observo que hay muchos detractores de la Navidad. En realidad, hay amantes de estas fechas y hay quienes desearían escapar a una isla tropical y beberse un coco en lugar de brindar con cava. Lo que indiscutiblemente no se da en esta cuestión son medias tintas.
Yo, no me atrevo mucho a decirlo, pues es como ser rojo en los tiempos que corren, pero lo voy a dejar aquí por escrito, aunque me arriesgue a que me lancéis tomates:
¡ ME ENCANTA LA NAVIDAD!
Hoy, víspera del 13 de diciembre, he puesto el árbol en casa y he disfrutado haciéndolo mientras sonaban de fondo, como cada año, canciones de Navidad cantadas por Frank Sinatra y varias velas iluminaban el salón, a falta de un buen fuego en una chimenea.
El año pasado hice exactamente lo mismo, importándome menos que nada que el 2010 hubiese sido probablemente el peor año de mi vida, con diferencia. Pase lo que pase, este ritual lo repetiré y me convertiré yo en la Papá Noel que haga realidad los sueños que estén en mi mano para los demás.
Hace un año me ví incluso obligada a buscarme un paje en el último momento. Fue emocionante culminar todos los preparativos la tarde de Nochebuena para conseguir una gran y preciosa sonrisa en la cara de alguien muy especial que tanto lo necesitaba.
Creo que ni mi ayudante ni yo olvidaremos ese día. Mi ayudante que, gracias a ello, se convirtió en un gran amigo cuando en aquel momento creo que nos habíamos visto tres veces.
La vida es increiblemente generosa cuando no le cerramos las puertas.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Demasiada sensatez
Al día siguiente, a la misma hora, nos encontramos en el aeropuerto. Ambos sabíamos que sería así porque ambos nos buscábamos, sabiendo que nuestros vuelos eran consecutivos y próximos en el tiempo.
Me prometí a mí misma que esta vez no te dejaría marchar sin un teléfono o una cuenta de correo, algo, un hilo con el que seguir conectados, empezar a conectarnos.
Buscaste el mejor sitio para sorprenderme al entrar e inmediatamente te pusiste en pie y saludaste efusivamente, con tu amplia y generosa sonrisa.
El día anterior me dijiste: "Solo te esperaré diez minutos". Sé que todo en mi parecían excusas, pretextos, mentiras piadosas. Cuando nos hicimos todos una foto y yo me negué a sentarme sobre tus piernas, tú, ofendido, me dijiste que estaba muy tensa. Era verdad. Estaba tensa porque nada más verte, cuando todavía no sabía que acabaríamos conociéndonos, ejerciste sobre mí una fuerza atractiva enorme.
Tu reacción y tu comentario denotaron poca confianza en tu físico, en tu envoltorio. Ignoras que tu sonrisa y todo tú resultáis completamente envolventes.
Regresé, media hora más tarde y ya no estabas.
En el aeropuerto te mostraste dolido y me dijiste que te quedaste esperando. Yo también esperé el resto de la noche y el día siguiente para verte antes de que tomaras el avión.
Por fin estábamos allí. Tú apurando al máximo el tiempo con nosotros a pesar del temor de tu amigo a que perdiéseis el vuelo.
Y sacaste tu teléfono para mostrarme unas fotos y, al acabar, no lo guardaste y jugaste con él en tus manos.
Me mirabas con tristeza en los ojos, con nostalgia de aquello que no pasó y que nunca pasaría.
Tu amigo te echó un capote al preguntar qué haríamos las siguientes vacaciones.
No te pedí el teléfono.
El tiempo pasó y nos despedimos con un largo abrazo lleno de contenido y de adelantada añoranza.
Pasaron unos minutos.
Me levanté de un salto y empecé a correr hacia los controles de acceso, los pasé y busqué tu puerta de embarque. Al llegar, ya no quedaba nadie.
Vi despegar tu avión.
Demasiado lejos. Demasiado dífícil.
El otro día, hablando con unos amigos, sobre lo divino y lo humano, les decía que me gustaría vivir de un modo más despreocupado, menos racional y sensato.
Me prometí a mí misma que esta vez no te dejaría marchar sin un teléfono o una cuenta de correo, algo, un hilo con el que seguir conectados, empezar a conectarnos.
Buscaste el mejor sitio para sorprenderme al entrar e inmediatamente te pusiste en pie y saludaste efusivamente, con tu amplia y generosa sonrisa.
El día anterior me dijiste: "Solo te esperaré diez minutos". Sé que todo en mi parecían excusas, pretextos, mentiras piadosas. Cuando nos hicimos todos una foto y yo me negué a sentarme sobre tus piernas, tú, ofendido, me dijiste que estaba muy tensa. Era verdad. Estaba tensa porque nada más verte, cuando todavía no sabía que acabaríamos conociéndonos, ejerciste sobre mí una fuerza atractiva enorme.
Tu reacción y tu comentario denotaron poca confianza en tu físico, en tu envoltorio. Ignoras que tu sonrisa y todo tú resultáis completamente envolventes.
Regresé, media hora más tarde y ya no estabas.
En el aeropuerto te mostraste dolido y me dijiste que te quedaste esperando. Yo también esperé el resto de la noche y el día siguiente para verte antes de que tomaras el avión.
Por fin estábamos allí. Tú apurando al máximo el tiempo con nosotros a pesar del temor de tu amigo a que perdiéseis el vuelo.
Y sacaste tu teléfono para mostrarme unas fotos y, al acabar, no lo guardaste y jugaste con él en tus manos.
Me mirabas con tristeza en los ojos, con nostalgia de aquello que no pasó y que nunca pasaría.
Tu amigo te echó un capote al preguntar qué haríamos las siguientes vacaciones.
No te pedí el teléfono.
El tiempo pasó y nos despedimos con un largo abrazo lleno de contenido y de adelantada añoranza.
Pasaron unos minutos.
Me levanté de un salto y empecé a correr hacia los controles de acceso, los pasé y busqué tu puerta de embarque. Al llegar, ya no quedaba nadie.
Vi despegar tu avión.
Demasiado lejos. Demasiado dífícil.
El otro día, hablando con unos amigos, sobre lo divino y lo humano, les decía que me gustaría vivir de un modo más despreocupado, menos racional y sensato.
martes, 6 de diciembre de 2011
Noche hechizada
Estamos cenando en una terracita de una alegre ciudad. Después de ponernos de acuerdo respecto al sitio, titubeando entre tres locales con mesitas afuera (es lo que tiene juntarse tres con tres personalidades tan marcadas), nos sentamos en unos taburetes junto a una pequeña mesa arrimados al tronco de un naranjo.
Si fuera primavera, olería a azahar.
Si fuera verano, vestiríamos ligeros vestidos de tirantes.
Si fuera primavera, olería a azahar.
Si fuera verano, vestiríamos ligeros vestidos de tirantes.
Si fuera invierno, buscaríamos el calor en el interior, huyendo de la humedad y el helor de la noche.
El otoño no ha finalizado y la temperatura de la velada, hace que el bullicio y la alegría estén aquí, en la calle, convirtiendo el interior en un vestíbulo en el que los camareros entran y salen ágiles con bandejas cargadas de vino y deliciosas tapas.
Entre risas, la escena cambia para mí y esto hace que me acuerde sin remedio de talvezquisedecir@blogspot.com y su "La mesa de al lado".
Llega con su amigo y se sienta sin quitarse su pequeña mochila a la espalda. Su sonrisa ilumina todo y me contagia su contento, acrecentando el mío.
Esta noche todos estamos bajo un maravilloso hechizo que nos hace departir con cuantos nos rodean e incluso, a veces, con quienes pasan junto a nuestras mesas.
Al lado, una joven parejita de Erasmus, francesa, se dirige a mí y no sé cómo acabamos hablando en mi francés de aficionada y su español estrenado. Cuando nos permitimos mutuamente seguir saboreando la deliciosa comida y el buen vino, observo que ellos, nuestros vecinos de la izquierda, siguen hablando con nosotros, sus vecinos de la derecha, y acabamos riendo, bromeando, brindando y celebrando la mágica vida.
Si fuera contigo,
sería yo.
Si fuera contigo,
sería yo.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Anarquía poética
Podría alimentarme de tí,
de tu presencia,
de tu estar en silencio.
Podría regenerar mis células,
podría,
dormir con tus sueños
y beber en tu almohada.
Podría seguir con mi vida,
acelerada y extraña,
y convertirla en luna
y cobijar tu alma.
Podría seguir viviendo
si me dieras tu palabra,
tu gesto sincero,
y sé que me extrañas
cada mañana.
*Sentí el deseo y la necesidad de escribir esto. No soy poetisa. Pido perdón a todos por mi anarquía.
También podría haberse titulado "Poesía desafinada"
de tu presencia,
de tu estar en silencio.
Podría regenerar mis células,
podría,
con solo tu aliento.
Podría respirar con tu sonrisa
y sonreir con tu mirada,dormir con tus sueños
y beber en tu almohada.
Podría seguir con mi vida,
acelerada y extraña,
y convertirla en luna
y cobijar tu alma.
Podría seguir viviendo
si me dieras tu palabra,
tu gesto sincero,
tu tiempo, tu nada.
Y sé que me escribes
y sé que me hablasy sé que me extrañas
cada mañana.
*Sentí el deseo y la necesidad de escribir esto. No soy poetisa. Pido perdón a todos por mi anarquía.
También podría haberse titulado "Poesía desafinada"
jueves, 24 de noviembre de 2011
¿Por dónde empiezo?
¿Por dónde empiezo?
Hoy he ido al gimnasio a primera hora de la mañana, casi de madrugada, aún estaba oscuro, con la intención de comenzar el día cargada de endorfinas y porque empiezo a estar incómoda dentro de mis vaqueros y esa sensación de estar embutida no la soporto.
Como siempre, me organizo fatal. Prepararlo todo, ropa, zapatos,champú,... bla, bla, bla... para arreglarme al acabar e irme directamente al trabajo, es una misión imposible. Me recuerda aquel anuncio en el que una mujer se veía incapaz de subir unas escaleras pues veía los peldaños como de un metro o más de altura.
No os voy a contar lo que he olvidado o he perdido por el camino porque me da vergüenza a pesar de que no nos conozcamos personalmente. Mientras yo andaba mareada busca que te busca, las demás estaban la mar de organizadas en el vestuario con sus bolsas perfectamente ordenadas. Una vez que terminaban de arreglarse, me preguntaba cómo era posible guardar en sus pequeñas bolsas aquel miniarmario que llevaban puesto. Yo, sin embargo, he tenido que salir hacia mi coche, medio disfrazada y hecha un espanto porque olvidé además de lo que no quiero contaros, el cepillo del pelo y el maquillaje (tampoco es que me maquille mucho pero lo justo para tener un aire más fresco y saludable, una cosa discretita digamos)...
Al llegar al coche, he abierto el maletero y he procedio a cambiarme las zapatillas por los botines de tacón para subir mi autoestima ocho centímetros aproximadamente. Antes he mirado a una lado y a otro para asegurarme de que nadie me veía y, de repente, de no se sabe dónde, un chico surge de la nada y me saluda con la cabeza con cara de "Tranquila, que yo no he visto nada".
A lo que iba, estoy agotada, me duele todo el cuerpo y no son agujetas, creo que me pasé por no ser menos al lado de mi compañera de setenta años, vecina de mi barrio, que cuando he irrumpido en la clase empezada de spinnig, me ha gritado: "¡Guapa!" y yo que quería pasar desapercibida, casi me la cargo. Me he colocado en la bici más alejada que estaba libre y he hecho la mitad de la mitad que los demás... Me he deshidratado. Por supuesto no llevaba ni agua y esa pequeña toalla que portaban todos sobre el manillar. Yo iba "a pelo", lo que me ponía aún más en evidencia.
Lo único que me ha salvado un poco y me ha animado a llegar al final, además de no pasar el apuro de lucirme por delante de todos para marcharme antes, ha sido que la monitora ha terminado con tres canciones de U2 aceleradas, pero de ellos, al fin y al cabo.
¡Qué cara no se me habrá quedado, que me han recomendado jalea real dos veces en el mismo día de hoy!
La otra opción para caber en mis vaqueros sería hacer dieta pero soy incapaz de renunciar al chocolate, a la tostada, ... Además lo del ejercicio físico es importante por la flexibilidad, etc. etc.
Puede que haya otras opciones.
Mañana creo que me daré un respiro.
Hoy he ido al gimnasio a primera hora de la mañana, casi de madrugada, aún estaba oscuro, con la intención de comenzar el día cargada de endorfinas y porque empiezo a estar incómoda dentro de mis vaqueros y esa sensación de estar embutida no la soporto.
Como siempre, me organizo fatal. Prepararlo todo, ropa, zapatos,champú,... bla, bla, bla... para arreglarme al acabar e irme directamente al trabajo, es una misión imposible. Me recuerda aquel anuncio en el que una mujer se veía incapaz de subir unas escaleras pues veía los peldaños como de un metro o más de altura.
No os voy a contar lo que he olvidado o he perdido por el camino porque me da vergüenza a pesar de que no nos conozcamos personalmente. Mientras yo andaba mareada busca que te busca, las demás estaban la mar de organizadas en el vestuario con sus bolsas perfectamente ordenadas. Una vez que terminaban de arreglarse, me preguntaba cómo era posible guardar en sus pequeñas bolsas aquel miniarmario que llevaban puesto. Yo, sin embargo, he tenido que salir hacia mi coche, medio disfrazada y hecha un espanto porque olvidé además de lo que no quiero contaros, el cepillo del pelo y el maquillaje (tampoco es que me maquille mucho pero lo justo para tener un aire más fresco y saludable, una cosa discretita digamos)...
Al llegar al coche, he abierto el maletero y he procedio a cambiarme las zapatillas por los botines de tacón para subir mi autoestima ocho centímetros aproximadamente. Antes he mirado a una lado y a otro para asegurarme de que nadie me veía y, de repente, de no se sabe dónde, un chico surge de la nada y me saluda con la cabeza con cara de "Tranquila, que yo no he visto nada".
A lo que iba, estoy agotada, me duele todo el cuerpo y no son agujetas, creo que me pasé por no ser menos al lado de mi compañera de setenta años, vecina de mi barrio, que cuando he irrumpido en la clase empezada de spinnig, me ha gritado: "¡Guapa!" y yo que quería pasar desapercibida, casi me la cargo. Me he colocado en la bici más alejada que estaba libre y he hecho la mitad de la mitad que los demás... Me he deshidratado. Por supuesto no llevaba ni agua y esa pequeña toalla que portaban todos sobre el manillar. Yo iba "a pelo", lo que me ponía aún más en evidencia.
Lo único que me ha salvado un poco y me ha animado a llegar al final, además de no pasar el apuro de lucirme por delante de todos para marcharme antes, ha sido que la monitora ha terminado con tres canciones de U2 aceleradas, pero de ellos, al fin y al cabo.
¡Qué cara no se me habrá quedado, que me han recomendado jalea real dos veces en el mismo día de hoy!
La otra opción para caber en mis vaqueros sería hacer dieta pero soy incapaz de renunciar al chocolate, a la tostada, ... Además lo del ejercicio físico es importante por la flexibilidad, etc. etc.
Puede que haya otras opciones.
Mañana creo que me daré un respiro.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Mi muelle roto
... Hubo un tiempo en el que el hecho de sentirte cerca - digo bien, sentirte porque estabas a mi espalda y ni mi vista ni mi tacto te veían ni te tocaban-, hacía que se removiera algo en mi interior, como si repentinamente mis piernas perdieran fuerza, despojándose de sus huesos para sostenerse. Tú, sin saberlo, te acercabas tanto, que sí podía sentir tu respiración, tu olor a tí, tu calor y me habría bastado una brizna de locura para darme la vuelta y besarte. Un día, notando que me ardían las mejillas, me aparté ligeramente sin darme la vuelta y tú con voz suave me pediste que no me moviera. Creo que aquél día ambos nos sentimos a la vez imbuidos el uno del otro sin querer, no queriendo por temerlo.
Recuerdo otro día en que hablábamos de algo tan trivial como los dentistas y nuestros íntimos dientes. No sé qué me mostraste de tu dentadura ni tampoco recuerdo la razón, ni creo que lo supiera tampoco en aquél instante -disculpa mi falta de interés interesado en tí-, el caso es que me faltó un soplo de adrenalina para besarte, bueno, no exactamente, no era tanto besarte como comerte los labios e inspeccionar minuciosamente aquello que el horrible odontólogo te hizo sin escrúpulos, eso sí, auxiliada por las papilas gustativas de mi lengua. No creas que iba a tener más piedad que él, yo también estaba dispuesta a actuar sin escrúpulos.
Ha pasado mucho tiempo desde aquello, demasiado tiempo, tanto que me parece una eternidad.
Es llamativo que tanta pasión frustrada pueda esfumarse sin dejar ningún rastro y que ahora te tenga tan próximo o más que entonces y no sienta nada de aquello y, sin embargo, creo que contigo me siento como en casa, tan cómoda, que podría estar a tu lado horas y horas e incluso días sin percibir ese no sé qué que en muchas ocasiones, con otras personas, experimento en un momento dado. Ese "no sé qué", cómo explicarlo, es como un muelle que me impulsa a marcharme camino de mi soledad. Ese muelle hace mucho que se rompió cuando hablo contigo y aunque las articulaciones de mis miembros inferiores no evidencian ninguna disfunción, el músculo de mi corazón no envía señal alguna a mi cerebro que me impulse a moverme, a alejarme de tí...
Recuerdo otro día en que hablábamos de algo tan trivial como los dentistas y nuestros íntimos dientes. No sé qué me mostraste de tu dentadura ni tampoco recuerdo la razón, ni creo que lo supiera tampoco en aquél instante -disculpa mi falta de interés interesado en tí-, el caso es que me faltó un soplo de adrenalina para besarte, bueno, no exactamente, no era tanto besarte como comerte los labios e inspeccionar minuciosamente aquello que el horrible odontólogo te hizo sin escrúpulos, eso sí, auxiliada por las papilas gustativas de mi lengua. No creas que iba a tener más piedad que él, yo también estaba dispuesta a actuar sin escrúpulos.
Ha pasado mucho tiempo desde aquello, demasiado tiempo, tanto que me parece una eternidad.
Es llamativo que tanta pasión frustrada pueda esfumarse sin dejar ningún rastro y que ahora te tenga tan próximo o más que entonces y no sienta nada de aquello y, sin embargo, creo que contigo me siento como en casa, tan cómoda, que podría estar a tu lado horas y horas e incluso días sin percibir ese no sé qué que en muchas ocasiones, con otras personas, experimento en un momento dado. Ese "no sé qué", cómo explicarlo, es como un muelle que me impulsa a marcharme camino de mi soledad. Ese muelle hace mucho que se rompió cuando hablo contigo y aunque las articulaciones de mis miembros inferiores no evidencian ninguna disfunción, el músculo de mi corazón no envía señal alguna a mi cerebro que me impulse a moverme, a alejarme de tí...
martes, 15 de noviembre de 2011
"Eres una sobreviviente"
"Eres una sobreviviente", me dijo. Lo dijo con un convencimiento pleno, tan rotundo, que por un momento me hizo creer que era así. Mi amiga es de esas personas que no precisan estudiar psicología para ser una gran psicóloga. Iba a decir que es una pena que sea médico pero también en esa profesión cumple un gran papel. Sin embargo, si he de resaltar un don en ella, es el de saber conocer a la gente y saber como acometer con eficacia y practicidad sus problemas, que para ella, para empezar, no son problemas sino simplemente: la vida.
A veces recuerdo esa afirmación suya para inculcarme a mí misma una buena dosis de valentía y de coraje.
Recuerdo que, de pequeña, mi padre siempre me decía que en la vida había que tener coraje, nunca me decía que habia que tener valor o ser fuerte. ´Personalmente pienso que coraje y valor no son sinónimos, el primero requiere un esfuerzo extra, es algo visceral. Esa palabra, en mi niñez, me sonaba arrebatadora, completamente contundente. Yo le miraba con atención, convencida en el fondo de mi ser de que él percibía, por ser mi padre, que yo no era fuerte y que por ello insistía tanto en repetirlo. Con el tiempo descubrí que no era que me conociera mejor por ser su hija sino porque yo era un calco de él en carácter.
Pasaron los años y no sé si logré actuar con coraje, sí con tesón para luchar por las cosas que deseaba pero no todas, siempre se quedó alguna en el tintero, puede que, si no la más importante, si de demasiada importancia.
Mi falta de coraje está demasiado ligada a mi concepción de la vida y de las relaciones humanas. Realmente cundo he sido fuerte, nunca ha sido por mí sino por personas a las que quería muchísimo y he sido la más fuerte y la más luchadora. Los que me observaban y me observan desde fuera me dicen que soy muy fuerte para soportar tantas cosas, pero ellos no me ven cuando mi interior se desploma y me siento terriblemente sola a pesar de saber que muchas personas acudirían raudas y veloces a mi llamada de auxilio.
Cuando mayor es el problema, mayor es la soledad. Cuando mayor es el problema, más me resisto a transmitir a otros mi sufrimiento.
Esta tarde he ido a la piscina. Hay un pequeño SPA. A esa hora no había nadie y ello me ha permitido llorar en silencio hasta hartarme sin que nadie me viera, dejando confundirse tranquilamente las gotas de agua con mis lágrimas.
Después he continuado con mi vida, pensando en mañana.
Mañana.
A veces recuerdo esa afirmación suya para inculcarme a mí misma una buena dosis de valentía y de coraje.
Recuerdo que, de pequeña, mi padre siempre me decía que en la vida había que tener coraje, nunca me decía que habia que tener valor o ser fuerte. ´Personalmente pienso que coraje y valor no son sinónimos, el primero requiere un esfuerzo extra, es algo visceral. Esa palabra, en mi niñez, me sonaba arrebatadora, completamente contundente. Yo le miraba con atención, convencida en el fondo de mi ser de que él percibía, por ser mi padre, que yo no era fuerte y que por ello insistía tanto en repetirlo. Con el tiempo descubrí que no era que me conociera mejor por ser su hija sino porque yo era un calco de él en carácter.
Pasaron los años y no sé si logré actuar con coraje, sí con tesón para luchar por las cosas que deseaba pero no todas, siempre se quedó alguna en el tintero, puede que, si no la más importante, si de demasiada importancia.
Mi falta de coraje está demasiado ligada a mi concepción de la vida y de las relaciones humanas. Realmente cundo he sido fuerte, nunca ha sido por mí sino por personas a las que quería muchísimo y he sido la más fuerte y la más luchadora. Los que me observaban y me observan desde fuera me dicen que soy muy fuerte para soportar tantas cosas, pero ellos no me ven cuando mi interior se desploma y me siento terriblemente sola a pesar de saber que muchas personas acudirían raudas y veloces a mi llamada de auxilio.
Cuando mayor es el problema, mayor es la soledad. Cuando mayor es el problema, más me resisto a transmitir a otros mi sufrimiento.
Esta tarde he ido a la piscina. Hay un pequeño SPA. A esa hora no había nadie y ello me ha permitido llorar en silencio hasta hartarme sin que nadie me viera, dejando confundirse tranquilamente las gotas de agua con mis lágrimas.
Después he continuado con mi vida, pensando en mañana.
Mañana.
viernes, 11 de noviembre de 2011
En busca de un encuentro perdido
Mañana quiero levantarme temprano, aunque sea sábado. Me gustaría darme un largo paseo por la playa, esta vez sola, sin mi perra.
Quiero ver el cielo ir cambiando de color y al sol ascender hasta que brille con tanta fuerza que todo lo vuelva plata.
Me da paz el mar al amanecer, esas aguas calmadas, diáfanas como folios en blanco anhelando que la tinta o el lápiz se apropien de ellos, les posean hasta hacerles despertar a la vida.
Quienes pasean a primera hora poco o nada tienen que ver con el resto. Sus rostros reflejan pensamientos en ebullición, tratando de acoplarse dentro de sus cabezas para que al regresar a casa, les resulte más sencillo continuar con sus existencias. Del paseo dependerá su transitar por la vida esa mañana, ese día.
Resulta curioso que, a esas horas, la gente suele pasear sola o, todo lo más, en compañia de sus perros.
Me pregunto qué ocurriría si en mi deambular despistado, absorta en mí, mirando el mar o la arena en busca de una concha o una caracola, de pronto, levantara la mirada y te encontrara. Aunque no lo sepas, muchas veces me he imaginado, te he imaginado, en encuentros casuales por una calle, en la playa, en esos paseos de árboles interminables,... Resulta curisoso que nunca nos hayamos tropezado, pese a que tengo la absoluta certeza de que tanto tú como yo nos buscamos constantemente, incansablemente, misteriosamente.
Quiero ver el cielo ir cambiando de color y al sol ascender hasta que brille con tanta fuerza que todo lo vuelva plata.
Me da paz el mar al amanecer, esas aguas calmadas, diáfanas como folios en blanco anhelando que la tinta o el lápiz se apropien de ellos, les posean hasta hacerles despertar a la vida.
Quienes pasean a primera hora poco o nada tienen que ver con el resto. Sus rostros reflejan pensamientos en ebullición, tratando de acoplarse dentro de sus cabezas para que al regresar a casa, les resulte más sencillo continuar con sus existencias. Del paseo dependerá su transitar por la vida esa mañana, ese día.
Resulta curioso que, a esas horas, la gente suele pasear sola o, todo lo más, en compañia de sus perros.
Me pregunto qué ocurriría si en mi deambular despistado, absorta en mí, mirando el mar o la arena en busca de una concha o una caracola, de pronto, levantara la mirada y te encontrara. Aunque no lo sepas, muchas veces me he imaginado, te he imaginado, en encuentros casuales por una calle, en la playa, en esos paseos de árboles interminables,... Resulta curisoso que nunca nos hayamos tropezado, pese a que tengo la absoluta certeza de que tanto tú como yo nos buscamos constantemente, incansablemente, misteriosamente.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Desde un lugar muy lejano ...
El tacto de tus ojos lo siento en mi boca,
la ternura de tu mano, en mi corazón,
me guía a tu mundo, a tu vida,
ansiosa de mostrarme todo, todo tú,
tu entorno y tú.
Cierro mis ojos.
Te veo atentamente.
¡Emanas tanta calidez!
Convertido en el servidor de mi corazón,
me miras ...
Tú y yo ya no estamos aquí.
Acabas de pintar con tus dedos
arcoiris de colores irreales.
Me sonries.
Tu voz, grave de sentimientos graves,
me canta desde un lugar muy lejano, dentro de tí.
Entornas tus ojos y yo besaría tus párpados, rozándolos apenas con mis labios.
Tus rasgos van redibujándose,
se multiplican hasta el infinito de las emociones,
haciéndome temblar de miedo al verte de cara,
por ver de frente al Amor.
Y solo ahora sé que te prometería amor eterno,
amor amputado de olvido,
amor sin retorno,
porque contigo todo lo malo se torna en bueno,
porque no pretendes que se vaya,
porque sabes que es inútil pretenderlo,
porque tú eres más hábil
y trabajas la materia,
la reciclas,
y solo veo tu obra creada de deshechos.
La tristeza la vuelves belleza,
es tu gracia mi inspiración.
Navegamos sobre un mar de puros sentimientos y ya no quiero llegar a ningún puerto, me contento con seguir flotando. No hundirme, sin más.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Un día de infraestructura
No sé qué flota últimamente en Bloguer o quizás sea solo casualidad, pero acabo de pasearme por algunos blogs en los que, si bien de diferente forma, se desprendía un aroma de melancolía y de tristeza, algunos incluso con sabor a despedida.
Llevo, creo, cinco meses en esto y siento pena cuando alguien anuncia que se va a despedir del blog.
Pienso que mucho tiene que ver en esto el hecho de que anochezca tan temprano, que pronto se haga de noche.
Hace un rato he salido a dar un paseo con mi perra y no me he cruzado absolutamente con nadie. De no ser porque iba hablando por teléfono, el paseo habría durado escasos minutos. Tan solo las luces detrás de las ventanas dejaban adivinar la vida. Por contrapartida, la noche estaba hermosa, el aire limpio, olia a vegetación fresca tras las pasadas lluvias.
Yo, por mi parte, en cuanto apague el ordenador, me voy a dar una ducha caliente, me voy a poner mi pijama, voy a cenar algo sano (hoy he decidido volver a comer sano y hacer deporte,...), después encenderé unas velitas en el salón y me acurrucaré en el sofá con mi mantita que por fin apetece y, o bien seguiré leyendo la novela que tengo últimamente entre manos o veré una película.
Hoy ha sido un día raro, de esos que parecen de infraestructura para los restantes pero me quedo con lo bueno. No debería quejarme. No debería de ninguna de las maneras. Quejarse es altamente nocivo para el estado de ánimo, los expertos lo han comprobado y hasta lo han afirmado. Es sin duda mucho mejor decir en voz alta que te va bien, que hay mucho de positivo y es que lo hay...
¡Eh, tú! ¡Sí, TÚ! ¡No pongas esa cara de increculidad, que te veo! Te aseguro que es así y nada ni nadie tiene la suficiente fuerza ni el poder de enturbiar tanto bueno.
Llevo, creo, cinco meses en esto y siento pena cuando alguien anuncia que se va a despedir del blog.
Pienso que mucho tiene que ver en esto el hecho de que anochezca tan temprano, que pronto se haga de noche.
Hace un rato he salido a dar un paseo con mi perra y no me he cruzado absolutamente con nadie. De no ser porque iba hablando por teléfono, el paseo habría durado escasos minutos. Tan solo las luces detrás de las ventanas dejaban adivinar la vida. Por contrapartida, la noche estaba hermosa, el aire limpio, olia a vegetación fresca tras las pasadas lluvias.
Yo, por mi parte, en cuanto apague el ordenador, me voy a dar una ducha caliente, me voy a poner mi pijama, voy a cenar algo sano (hoy he decidido volver a comer sano y hacer deporte,...), después encenderé unas velitas en el salón y me acurrucaré en el sofá con mi mantita que por fin apetece y, o bien seguiré leyendo la novela que tengo últimamente entre manos o veré una película.
Hoy ha sido un día raro, de esos que parecen de infraestructura para los restantes pero me quedo con lo bueno. No debería quejarme. No debería de ninguna de las maneras. Quejarse es altamente nocivo para el estado de ánimo, los expertos lo han comprobado y hasta lo han afirmado. Es sin duda mucho mejor decir en voz alta que te va bien, que hay mucho de positivo y es que lo hay...
¡Eh, tú! ¡Sí, TÚ! ¡No pongas esa cara de increculidad, que te veo! Te aseguro que es así y nada ni nadie tiene la suficiente fuerza ni el poder de enturbiar tanto bueno.
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